Jueves 3 de agosto, parto para Hoyos del Espino a las 6 am. Se espera un día caluroso por lo que decido madrugar para evitar en lo posible las horas de máximo calor, aunque asumo que puesto que nunca he realizado esta ascensión y no tengo constancia del tiempo a invertir puede que “me coma” todas esas horas de “máximo apogeo del Lorenzo”. Qué se la va a hacer. También madrugo pensando en que en agosto puedo encontrarme el parking de arriba lleno ya a esas horas. Llego a la Plataforma de Gredos aproximadamente a las 7:45 am. Dos sorpresas. La primera es que prácticamente el aparcamiento está vacío de coches, jeje que bien. La segunda es que el coche marca una temperatura exterior de 8 grados. Salgo a comprobar esa temperatura de “primera mano” y oooooh que lujo, que fresquito, para ser 3 de agosto después de haber estado toda la noche sudando “como un pollo” en la cama. Con esta temperatura y en ropa de verano lo mejor es no quedarse quieto por lo que comienzo a andar de inmediato.
Hasta Los Barrerones, pues lo de siempre: monótono, por ya conocerlo, y para que se vayan calentando las piernas. Sólo veo dos montañeros que van algo por delante de mi, y que, por coincidencia, seguiremos así casi hasta la Portilla del Rey. Eso sí, siempre siempre me impresiona la vista que se va obteniendo a medida que vas coronando Los Barrerones y te vas acercando al mirador, siempre me impacta y siempre me hace dibujar una sonrisa o soltar un signo de admiración. Es impresionante, siempre lo diré. Hoy desde este magnífico mirador puedo contemplar en primer plano mi altivo y precioso objetivo, el Canchal de La Galana (foto 1).
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Comienzo el descenso de Los Barrerones en busca del sendero hacia la Portilla del Rey. Antes de continuar decir que las dos fuentes existentes en Los Barrerones, la de Los Cavadores y la del descenso hacia La Laguna Grande, tenían muy buen caudal aún. La fuente del descenso será la última que vea ya en todo el día, hasta volver a pasar por aquí, puesto que la de Los Botánicos de la Portilla del Rey estaba seca.
A escasos 100 metros de llegar a la orilla de la Laguna Grande sale el sendero que va hacia la Portilla del Rey y Cinco Lagunas. Este sendero se inicia a nuestra derecha según el sentido de la marcha que llevamos. A día de hoy existe señalización del desvío, compuesta por un poste y un cartel informativo (foto 2). Cogemos esta senda.
Tendremos buena traza empedrada en descenso hacia la zona donde desagua la Laguna Grande, en donde existe otra laguna de orillas formadas por bonitas y frescas praderas verdes. La senda pasa justamente por el desague, tras el cual desaparece el empedrado que hasta ahora formaba su traza. En la época en la que se ha realizado esta ascensión, mes de agosto, el cruce del desague y de la laguna que produce no tenía ninguna complicación pero puede que en otros periodos, cuando el nivel del agua sea superior, el cruce suponga la posibilidad de mojarse los pies.
Como decía, nada más pasar el desague la buena traza empedrada se pierde y podría ser que no supiéramos bien para donde tirar. Hay que fijarse bien en el terreno puesto que por la pradera en la que estamos transcurre una muy pequeña traza que es la que hay que seguir. Dependiendo de la época del año esta traza podría estar oculta por la hierba o incluso por el agua. De todos modos, esté como esté, debemos saber que nuestro avance debe ser siempre hacia las paredes rocosas que tenemos enfrente, las del otro lado del Circo (foto 3), y nunca siguiendo paralelos el río que forma la Laguna Grande. Es decir, el objetivo de este tramo es cruzar el Circo para encontrarnos con la senda que se dirije hacia el Gargantón pasando por debajo del Risco Negro.