Salgo a la puerta del refugio y me enciendo un cigarrito que me fumo mientras observo la maravilla que tengo enfrente. Realmente espectacular, no hay palabras para describir lo que estoy viendo. Los enormes y verticales paredones de Los Galayos a escasos 100 metros de mí. Gigantes agujas, enormes gendarmes. Realmente impresionante. La Aguja Negra, la Torre Amezua y El Torreón (el que más llama la atención), entre otros, hacen que realmente te quedes boquiabierto. En esos paredones (algunos de más de 250 metros) muchos alpinistas históricos se han entrenado y han aprendido las técnicas de Big Wall (incluso en ascensiones verdaderamente invernales) que después serían aplicadas en otros objetivos aún más ambiciosos. Estamos “sólo” a 2000 metros de altitud pero el paisaje que nos rodea (todavía nevado a partir del refugio para arriba y en muchas de las paredes allí existentes) es realmente de alta montaña, no parece que estemos en el centro peninsular (foto 17)(foto 18)(foto 19). La canal que separa al Gran Galayo de los paredones de la Punta de Don Servando, enfrente mío, está completamente cubierta de nieve y parece propia de otros macizos montañosos mucho más laureados y conocidos (foto 20).
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Según estoy reponiendo fuerzas sentando en la puerta del refugio veo que ya se aproxima otro grupo de unos 6 montañeros que he adelantado durante el ascenso por La Apretura. Llegan a mi altura y entre todos, los tres que allí estábamos y este grupo, iniciamos una conversación acerca de las condiciones presentes en la zona. El grupo de seis llevan todos raquetas que por lo que vemos entre todos no parece que vayan a poder utilizar en la ascensión a La Mira. Mientras hablamos la niebla comienza a hacer acto de presencia por encima del Torreón y de la Aguja Negra (como podéis ver en algunas fotos). Todos la tenemos presente y a todos nos preocupa su aparición en un día que hasta entonces había estado despejado, salvo en los valles allí abajo (1500 m. por debajo nuestro) donde sí estaba presente. Comenzaba a subir rápidamente y a envolvernos poco a poco. El frio es intenso. Ninguno se decide a iniciar nada. Los dos compañeros que estaban ya en el refugio y que querían escalar algo por allí se echan atrás de momento y deciden esperar a ver que pasa con la niebla, aunque todos sabemos de sobra que el día ya no va a despejar. El grupo de seis no se decide a continuar la ascensión. Y yo sabiendo de sobra, como el resto de los allí presentes, que la niebla nos envolvería en pocos minutos y que humedecería todo de inmediato decido descender La Apretura antes de que termine de llegar.
He subido a La Mira en tres ocasiones y conozco perfectamente el itinerario a seguir desde el refugio, pero hoy la cosa no pinta bien. Conozco de sobra lo traicionero que puede llegar a ser Gredos y su niebla y decido no arriesgarme. Y eso que las dificultades técnicas bajan mucho en el tramo comprendido entre el refugio y la cumbre, pero los más de 300 metros de desnivel que aún quedan pueden depararme cualquier sorpresa no grata en este día de niebla. Aunque llevo todo el equipo necesario (crampones y piolet) para afrontar las palas nevadas existentes hasta la cumbre y ropa técnica suficiente como para aguantar el frio decido descender. Me convenzo a mi mismo que es lo mejor en el día de hoy.
Así pues, así se lo comunico al resto de compañeros montañeros allí existentes. Les digo que desciendo antes de que la niebla envuelva todo. Me despido de ellos e inicio el descenso. Hago el descenso más rápido de lo normal (pero siempre asegurando en todo momento, con cabeza siempre). Trato a toda costa de bajar antes de que la niebla llegue a esta zona y humedezca todas las rocas de La Apretura, haciendo el descenso mucho más comprometido de lo que ya es. Hay que tener siempre presente que el descenso de La Apretura es mucho más difícil que el ascenso.
A mitad de descenso comienzo a cruzarme con más personas que están subiendo. La mayoría bien equipados, pero algunos (muchos para mi) excursionistas mal equipados para la zona y las condiciones que allí se estaban creando poco a poco. Me da la impresión que éstos últimos ni siquiera tienen o toman conciencia del marrón que allí se está formando. En fin, que le vamos a hacer es lo de siempre. No ocurren más desgracias no se por qué.
Llego a la base de La Apretura justo en el instante en el que la niebla ya envuelve toda la zona. Aún no es muy espesa, pero ya comienza su juego. Me encuentro con dos chicas excursionistas que están iniciando el ascenso por La Apretura, por donde yo he subido y bajado. Se las ve muy desorientadas y no saben muy bien como ni por donde progresar. Me miran continuamente como intentando que las guíe. “Una de ellas lleva la cazadora en el brazo, como cuando te quitas la chupa en la ciudad porque hace calor y la llevas en el brazo”, realmente acojonante, y ya metida en faena de ascensión.