Quién iba a decir que en esta nuestra zona centro, tan escasita en la cosa hidrológica y tal, hay un montón de cascadas (o más bien cascaditas) accesibles y que da gusto verlas. Siempre y cuando tengan agua, eso sí. Cosa que no siempre ocurre, para qué nos vamos a engañar.
Citamos, sin ánimo de ser exhaustivos, algunas de muy buen porte y una hartá de galanas: En Madrid las Cascadas del Purgatorio, la Chorrera de San Mamés, y la más vistosa y atractiva, para este humilde servidor, la Cascada del Chorro, en Somosierra. En Guadalajara, las Chorreras de Despeñalagua en Valverde los Arroyos, la impresionante de la Hoz de Pelegrina, que si tuviera mucha agua sería como las del Iguazú, sin exagerar nada (bueno, un poquito, sí). Y la más escondida, la más recóndita, y la más sorprendente: La cascada del Aljibe, en El Espinar de Guadalajara.
Con el ánimo encendido, preñados de optimismo y prietas las filas, un domingo de Noviembre nos dirigimos hacia ellas, hacia las del Aljibe. Para llegar, lo mejor, o más bien lo único, es encaminarnos por la A2 hasta Guadalajara capital, y un poco antes de llegar a esta población, coger la salida de la autopista que nos lleva hasta la Estación de Ferrocarril de Guadalajara y el pueblo de Cabanillas del Campo. Siguiendo siempre las señales que nos llevan a la estación por la calle Francisco Aritio debemos llegar a la misma, que queda a la izquierda, y al poco de sobrepasarla, tomar un desvío también a la izquierda hacia Humanes, Tamajón y Cogolludo.
Sobrepasamos Tamajón, no dirigimos hacia Majaelrayo, y cruzamos Campillejo hasta llegar al pueblo de El Espinar. Allí comienza nuestra ruta.
Primero las recomendaciones :
Pueden hacerla personas de escasa o nula forma física. Incluso niños, ancianos, señoras embarazadas y fumadores empedernidos.
No hay agua en todo el camino. Bueno, en la cascada hay una barbaridad, pero es difícil beber a morro. Solamente la de la fuente de El Espinar.
Muy poco desnivel de subida. Salvo la cuestecita de vuelta, que le manda madre. Pero si regresamos por Matallana, que es lo fetén, ni eso.
Se puede hacer en toda época, siendo más recomendable el otoño y la primavera, por aquello del caudal de agua. Y porque en invierno hace un gris y en verano mucha caló, que no hay casi sombra.
Ideal para hacer con niños. En verano, incluso se podría encontrar algún lugar en el Jarama para darse un chapuzón (cuidado, que el agua está muy fría).
Descripción de la Ruta :
Entramos desde la carretera al pueblo de El Espinar, por el único sitio que hay, y en una cancha de baloncesto de lo más rústico, dejamos nuestro vehículo. Ahí, justamente empieza la ruta, junto a los apartamentos rurales. Bonitos, por cierto. (foto 1).
Click para Zoom +
Por la pista de tierra salimos del pueblo de El Espinar y sobrepasamos una portilla metálica que debemos dejar cerrada, no se escapen las vacas, que esta gente vive de ellas.
El camino sube ahora suavemente y vemos a nuestra derecha, hacia el Oeste, la sierra de La Puebla, con La Tornera como montaña más destacada (foto 2). A nuestra izquierda, y como siempre en esta comarca, el Ocejón, (foto 3), como el eterno centinela de este valle (que bonito me ha quedao).
El camino se abre paso entre jarales bajitos, pero espesos, señal inequívoca de que estos campos eran de cultivo y ahora se han abandonado. Este es terreno propicio para las setas. He aquí algunos magníficos ejemplares de Amanita Muscaria, (como la de los enanitos), bonita pero muy venenosa (foto 4)(foto 5)(foto 6). Bueno, más que nada, alucinógena. Parece ser que con una infusión de esta seta las brujas en la edad media se chutaban en los aquelarres y, las monjas y frailes, por el otro lado del tablero, se agarraban unos éxtasis místicos de gran altura.