El día 1 de Julio, sábado, amanece caluroso. No podía ser menos en este mes. Madrugamos y nos dirigimos por la N1 hasta Buitrago, Gandullas, Prádena y Montejo de la Sierra. Una vez pasado este pueblo, nos dirigimos hacia el bonito pueblo guadalajareño de El Cardoso (1.278 mts.). Tomamos la carretera que llega a este pueblo pasando por el Puerto de El Cardoso y el archiconocido y archiexplotado Hayedo de Montejo.
Cruzamos el puente sobre el Río Jarama y ya estamos en Guadalajara. Casi tres kms. de carretera en mal estado nos conducen hasta el pueblo de El Cardoso, cuyo caserío queda a nuestra derecha. A la salida cruzamos un pequeño puente que pasa por encima del Arroyo del Ejido (puede estar seco en verano). Inmediatamente después del puente, podemos aparcar a la izquierda, pues precisamente aquí comienza la subida. (foto 1). Nota : el remolque no necesariamente estará ahí.
Y tanto que comienza la subida, véase la (foto 2), tomada desde la Morra de la Hiruela, pues ya sin más dilación, y sin darnos tiempo a calentar las piernas, la pista semi pavimentada que tomamos comienza a subir decididamente y a zigzaguear por entre unos corrales de ganado.
Click para Zoom +
Es muy probable que las ovejas que se guardan allá nos obsequien con un agradable y bien afinado concierto de balidos, sobre todo si es la hora de desayunar (la de ellas), o las están esquilado, que eso fue lo que nos pilló. Así que entre los sonidos bilabiales diptónicos beeeeeeeeee de la ovejas-tenores y los meeeeeeeeee de los bóvidos barítonos, tendremos queeeeeeeeee (chiste inspirado en Les Luthiers) sortear los miles de bolitas negras que estos simpáticos y discretos animalitos siembran por doquier.
Dejamos atrás (por suerte) estos corrales pertenecientes a El Cardoso, y tomamos otra pista, ya de tierra, que sale a la derecha y cruza una barrera, siempre abierta, entrando en un espeso robledal. Ganamos altura rápidamente, y a nuestra espalda vemos el pueblo de El Cardoso, que acabamos de dejar (foto 3). Hay que seguir esta pista principal siempre, dejando los caminos que salen a derecha e izquierda. Todavía desde aquí se oye la tabarra de los balidos. Que pastoril, que bucólico.
Hay que armarse de paciencia, pues en menos de 3 kilómetros, vamos a superar unos 400 mts de desnivel, y sobre todo en verano, se hace durillo. Estamos recorriendo la llamada Loma de la Dehesa, que sube sin piedad. No hay más que mirar las curvas de nivel. La pista está a veces muy erosionada, sobre todo en las curvas cerradas; siendo mejor tomarlas por el lado amplio, pues aunque caminemos más, será mucho mejor para las piernas. Pero no hemos hecho más que empezar. Hay sobre todo, a mitad de subida una rampa que debe superar el 30 %, y que parece una pared. Se puede ver, desde lejos, en la foto 2, tomada durante otra excursión desde La Hiruela. Para colmo de males, es bastante ancha, y los robles no llegan a proyectar sombra por la totalidad del camino.
Después de repechos y cuestas de todos los colores y variedad, de juramentos prosaicos (o sea, en prosa), de lamentos por la lastimosa forma física en que me encuentro, de varias paradas para coger resuello, y de algunos desfallecimientos momentáneos, vamos avanzando piano, piano, y el arbolado va desapareciendo poco a poco. Como a 1 hora y media de andar, y tras muchas curvas, hay una muy cerrada de 180º a la derecha, salimos de la loma, e inmediatamente después se alcanza un collado y se cruza una valla de piedra, probablemente separadora de términos. Estamos en todo lo alto de la Loma de la Dehesa (1680 mts). Aquí hay que dejar la pista que seguíamos, y que desciende, y tomar por la izquierda, paralela a la valla, otra pista que asciende rápidamente al principio, para suavizarse después en algún sube y baja poco pronunciado.
Click para Zoom +
A nuestra izquierda, vemos el precioso Santuy (foto 4), con su vértice geodésico blanco. A la derecha, la Loma del Picaño, muy aérea y muy atractiva para caminar por su cresta (foto 5). Particularmente, me recuerda a Siete Picos.