A la sombra de El Santuy ya, siguiendo ya sin pérdida este camino, avanzamos entre el extremo superior de un pinar de repoblación y entre brezos, gayubas y tomillo (foto 6). A nuestra izquierda queda el valle del Bustar y a lo lejos, vemos el omnipresente Ocejón. La pista sigue a media ladera por esta montaña del Santuy, dejando su cumbre (1.986 mts), a la izquierda. Podríamos subir hasta el vértice del Santuy, pero como ya lo hicimos en una ocasión, y no está la cosa para heroicidades, lo dejamos para otro momento. Eso sí, si sois verdaderas máquinas, aseguramos que el Santuy merece la pena. Pero hoy nuestro objetivo está bastante más allá, y ese es precisamente el problema: el más allá.
Tras aproximadamente 30 minutos, pasamos toda la ladera del Santuy y alcanzamos el collado de su mismo nombre o de la Calahorra, de 1856 mts (el otro nombre que recibe esta montaña), donde a la izquierda confluye la pista que viene desde casi la salida del Valle del Ermito y por el lado contrario, la que llega desde Bocígano por el valle del río Bustar (también llamado Arroyo de Pinarejo, por un pueblo que existió allí, y abandonado hace mucho tiempo). Este es un buen lugar para descansar y reponer fuerzas de la fuerte subidita que llevamos hasta ahora. Una vez refrescado el gaznate y repuestas un tanto las exiguas fuerzas proseguimos la dura trepa.
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Siempre a nuestra derecha, y encajonándonos la vista del resto del macizo, tenemos la Loma del Picaño (2033 mts), antes mencionada, y cubierta de piorno florecido que da bonito color amarillo a estas montañas. Se observan surcos entre la ladera de la montaña, a modo de nervios entre la roca, y ya, al fondo vemos el Cerrón, tan inocente él (foto 7). Esta cresta, la del Picaño, aunque a primera vista tenga un aspecto un tanto abrupto y estrecho, en realidad es bastante andadera y no tan angosta, pudiendo ser objeto de una bonita excursión. Eso sí, cuando el calor no apriete.
Al continuar por la pista, observamos la explosión amarilla de las flores de piorno (foto 8). Casi hasta deslumbra.
Seguimos por la pista, (foto 9) dejando a nuestra izquierda y abajo, el frondoso Valle del Ermito, y un poco más allá, la Loma Mediana que llega hasta el Tres Provincias. Seguimos viendo enfrente nuestro objetivo, el Cerrón, mientras vemos formaciones rocosas tan abruptas como éstas (foto 10), y detrás nuestro, magnificas vistas del Santuy (foto 11). El Cerrón, cada vez más cerca (foto 12) Tras un repecho que hace la pista, alcanzamos otro collado, denominado del Agua Fría (1995 mts). Si nos giramos, veremos como va desapareciendo el Santuy a nuestros ojos (foto 13), tomada al regresar. Desde este punto ya se ve claramente enfrente el imponente Cerrón y parte de la loma que tendremos que superar para llegar a su cima. Poco después del collado, en unos 5 minutos de andar, vemos una senda evidente, con rodadas y surcos de vacas, que sale a mano derecha, y que en 250 mts, aproximadamente, nos lleva hasta la Fuente del Agua Fría. Merece la pena acercarse y comprobar el porqué del nombre. En pleno verano, y con buen calor, es como si le hubieran puesto cubitos. Y mana todo el año, por fuerte que sea la sequía. No se trata de una fuente con pilón, caño, fecha y dedicatoria, sino del mismo nacimiento del manantial que más abajo terminará bebiéndose el río Berbellido. Además siempre está bien aprovisionarse de un agua tan pura como ésta, nacida a más de 2000 mts. Enfrente tenemos la máxima altura de la Loma del Picaño, cubierta de matorral. Por el barranco corre la Fuente hasta el río. Su aspecto es tan austero y bello como lo es Castilla (foto 14).
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Volvemos nuevamente a la pista que abandonamos, que ahora sube un poco en pos de la loma cimera del Cerrón. Atención, porque llegamos al único punto de la excursión que puede hacernos dudar. Una vez alcanzada la loma no debemos seguir mucho tiempo por la pista: como a otros 5 mn de la desviación a la fuente, la pista hace una cerrada curva de 180º a la izquierda, hacia el Oeste, y justo después de rebasarla, hay que buscar algún lugar para salir de ella (no hay lugares marcados), y subir por la ladera atrochando en pos de la cumbre. No hay ningún camino ni senda, solo algunos pequeños hitos sueltos, que sobre todo en invierno no nos prestarán mucha ayuda. Conviene ir avanzando en diagonal por la ladera hacia el norte, como nos dicte el sentido común, y no dirigirnos directamente a la cima; así la subida se nos hará más suave aunque algo más larga. Este tramo es el más duro de la excursión, pues ya llevaremos un desnivel de unos 700 mts, y ahora llega otro de unos 200 y en muy poco trecho, así que paciencia y buenos alimentos. Además, el sol nos pega sin piedad.