Siguiendo por el sendero nos toparemos a nuestra izquierda con un antiguo pluviómetro que hoy en día incluye una instalación metálica que contiene inscripciones, en forma de panorámica, de todas las cumbres (con sus altitudes) que desde aquí tenemos a la vista por lo que recomiendo acercarse a él para estudiar y comprender bien esta zona de la Sierra de Guadarrama (foto 8). Desde aquí tendremos unas impresionantes vistas de la cara oeste de Peñalara a nuestro noreste, de los extensos pinares de Valsaín a nuestro norte y de la cara norte de Siete Picos, del Montón de Trigo y de la cuerda de La Mujer Muerta (La Pinareja y el Pico del Oso) hacia nuestro oeste. Si el día está nublado o con niebla en la parte Castellano-Leonesa (a nuestro norte) y las nubes están por debajo de nosotros tendremos la ocasión de ver el espectáculo de un mar de nubes a nuestros pies.
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Volvemos al sendero para comenzar el descenso hacia el collado de Guarramillas. El sendero se puede hacer difícil de seguir por momentos puesto que desaparece su traza en la zona rocosa que nos encontraremos. De todos modos no hay pérdida posible puesto que a parte de estar viendo en todo momento (si no hay niebla claro está jejeje) nuestro siguiente destino, el collado de Guarramillas y la cumbre de VardeMartín (foto 9), la traza a seguir está señalizada por suficientes hitos de piedra. En fin, sea como fuere, llegaremos al Collado de Guarramillas (2159 m), altiplano desde el que observaremos con cierta expectación la subidita y su fuerte pendiente que tendremos que afrontar para llegar a la cumbre de ValdeMartín. Desde este collado y a nuestra izquierda, según el sentido de nuestra marcha, tendremos (si nos salimos un poco de nuestro sendero y nos acercamos a las vallas existentes) bajo nuestro campo de visión la estación de esquí de Valdesquí con todas sus pistas y remontes.
Seguimos por el sendero abandonando el collado en dirección a cumbre. El sendero transcurre pegado a la valla que delimita la estación de esquí. Por fuerte pendiente y salvando un desnivel de 123 metros en escasos 250 de longitud llegaremos a la cumbre de ValdeMartín (2282 m.) (foto 10). Según llegamos a cumbre dejaremos a nuestra derecha una caseta con una antena. Recomiendo acercarse a dicha caseta para asomarse al valle que hemos dejado detrás, justo por debajo de la cumbre de Guarramillas. En ese valle y en el lugar conocido como Ventisquero de la Condesa (junto a una casetita que existe allí y que observaremos desde nuestra posición (foto 11)) es donde nace el rió Manzanares, transcurriendo después por el valle hacia La Pedriza y mucho después hacia la ciudad de Madrid. En este valle y en años de fuertes nevadas podremos encontrarnos hasta bien entrada la primavera con neveros de buen tamaño (que no nos afectarán en nuestra ruta).
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Volviendo al lugar donde hicimos cumbre, tras seguir el sendero, recomiendo tomarse su debido tiempo para observar las impresionantes vistas: al suroeste veremos la cara norte de La Maliciosa que presenta aquí un aspecto muchísimo menos áspero y escarpado que la cara sur que casi todo el mundo conoce. Al sur y en días claros podremos ver toda la meseta madrileña incluidos los edificios más altos de la ciudad de Madrid. Al este toda la cresta del Escalerón y como colofón a la misma las dos cumbres de Cabezas con sus escarpadas caras norte y sus altivas formas (foto 12). Al norte otra gran perspectiva de la cara oeste de Peñalara.
Seguimos entonces nuestra ruta. Desde el lugar donde coronamos la cumbre en la que nos situamos no vemos tan definida como antes la traza del sendero que veníamos siguiendo, pudiendo ésta estar completamente perdida. Bien, lo único que tenemos que hacer es comenzar a descender en diagonal hacia nuestra izquierda unos 50 metros para inmediatamente tras los muchos piornos existentes descubrir de nuevo el sendero, esta vez muy bien marcado (foto 13). Superado el largo descenso llegamos al Collado de ValdeMartín (2153 m). Recomiendo salirse del sendero hacia nuestra izquierda y acercarse al cortado existente para observar las impresionantes vistas tanto de las caras norte de cabezas como de la cara norte de ValdeMartín con su gran cortado rocoso (aspecto éste que pone punto a esta montaña de aspecto redondeado grabada hasta ahora en nuestra mente).