Alcanzamos el collado ya inmediatamente delante de la Cabeza de Hierro Mayor, (2383 mts), imponente montaña, y en unos minutos más alcanzamos el vértice geodésico de primer orden que hay allí (foto 11). Esta montaña es la segunda en altura de la provincia de Madrid, después de Peñalara, y la primera no compartida con Segovia. Vemos el magnífico panorama de Cabeza Menor, Valdemartín, Guarramillas y La Maliciosa (foto 12). Enfrente, el cordal de Peñalara, que aún conserva las cicatrices de la antigua estación de esquí de Valcotos (foto 13).
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Ojo, que si este día hacía un viento que hacía incómoda la estancia en la cumbre, en un día de ventisca fuerte ni os cuento. Breves momentos para digerir el subidón de paisaje (magnífico, de los mejores de la sierra), disfrutar de la cumbre, acariciar el vértice y bajarnos diez metros, suficientes para que el viento ya no nos azote. Antes de que haga más calor, parada técnica de hidratación y nutrición, antes de que Lorenzo apriete. Bocata de choped, tomate, un quesito, Aquarius, y andando que es gerundio.
Por la amplia meseta de la cumbre caminamos hacia la derecha, como hacia el sur, y enseguida nos encontraremos con el sendero, que aquí es claro. En seguida toma sentido fuertemente descendente por la ladera, haciendo varios zigzag hacia el Collado de la Peña de los Vaqueros (2222). Aprovechamos para apretar un poco el paso, ahora que vamos por terreno algo más cómodo (foto 14).
En 20 minutos aproximadamente nos plantamos, al fondo de la bajada, en una gran peña (la de los Vaqueros, supongo) que hay que rodear por la derecha donde vemos señales rojas y blancas del sendero, así como hitos. Entramos en un canchal largo e incómodo que nos adentrará en las Lomas del Pandasco (2247), Nos volvemos a mirar hacia atrás, vemos la enorme mole del la Cabeza de Hierro Mayor (foto 15). Los siguientes grupos están todavía en la cumbre.
Viene ahora una larga caminata por las citadas Lomas del Pandasco (foto 16), por terreno a veces pedregoso, a veces no, pero siempre con el sendero delante y bastante cómodo, muy fácil. Varios hitos de piedra nos sugieren el mejor camino. Seguimos viendo las marcas de pintura blanca y roja. Estas lomas no tienen gran atractivo en sí, salvo uno nada despreciable, y que es poder mirar el paisaje a ambos lados del cordal, y comprobar la tremenda diferencia entre la abrupta Pedriza, a nuestra derecha, y los suaves vallejos que descienden hacia el Valle del Lozoya, a nuestra izquierda. No es poco. Podemos girarnos y admirar el camino andado, Las Cabezas, Valdemartín, La Maliciosa (foto 17).
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El siguiente objetivo, poco aparente, es el Collado de las Zorras (2177), al que se llega tras suave descenso que ya casi ni notamos. Una vez aquí se nos aparece majestuoso a la vista otro de los puntos importantes de la jornada: El Asómate de Hoyos (2242), cumbre en realidad doble. Comienza por unos canchales, aproximándonos a unas peñas que tenemos que dejar a la derecha. Por aquí hay abundantes señales e hitos que facilitan bastante seguir el camino, aunque como en casi toda la Cuerda Larga casi no hacen falta en días despejados. Otra cosa será con niebla. El repecho es fuerte, pero breve, muy pasable. Juro por quinta vez en la jornada que voy a dejar de fumar.
Llegamos a la primera cumbre, llamada Alto de Navahondilla (2236). Cuando llegamos a la segunda cumbre, o más bien al último escalón, que ya es el Asómate de Hoyos propiamente dicho (2242), es recomendable asomarse (elemental, por eso se llama así) para contemplar una estupenda vista, hacia la derecha, de La Pedriza y de La Hoya de San Blas. Por el lado del Lozoya, veremos la Loma de Navahondilla, cuajada de pinos. Hagamos caso a la montaña, que la vista es excelente, es gratis y perderemos poco tiempo. Aquí, justo en la cumbre, nace un sendero que nos llevaría en breve tiempo al Alto de Matasanos, espléndido mirador de la Pedriza (foto 18). Pero dejémoslo, eso será otro día.