EL YELMO (1717 m) LA PEDRIZA POR COLLADO DE LA DEHESILLA
* Descripción Detallada (Continuación) :
Continuamos en muy suave ascenso, con nieve dura y hielo aunque se puede evitar debido a las calvas que por esta aún poca altitud existen, para encontrarnos, a pocos metros desde nuestra actual posición, con otro famoso icono de esta zona, El Tolmo, solitario y enorme bloque granítico situado en mitad del sendero que llevamos (foto 6)(foto 7). Esta gigantesca piedra rodó en tiempos inmemoriales ladera abajo al desprenderse de las crestas rocosas situadas a nuestra derecha. Cuando veáis El Tolmo recordar esto último e imaginaros la situación, debió ser espectacular. Recordar y estudiar bien la pendiente de esa ladera situada a nuestra derecha, en el sentido de nuestra marcha, puesto que por ella realizaremos el retorno desde el Yelmo y por ella transcurre el sendero que desciende de forma vertiginosa y en gran pendiente al que me refería al inicio de este artículo.
Seguimos camino por el GR-10, ahora transcurriendo entre jaras y algún que otro acebo y madroño, especies éstas sumamente protegidas y a las que nadie se le ocurra dañar. A nuestra izquierda vamos descubriendo los paredones rocosos de Las Buitreras (foto 8) mientras ascendemos por suaves y moderadas pendientes, ahora siempre pisando nieve aunque no hacen falta aún los camprones. Llegamos, algo cansadillos ya por la longitud andada (6 km) y desnivel acumulado (500 m), al Collado de la Dehesilla (1453 m) (foto 9), balcón excepcional, cuando no hay niebla, con muy buenas vistas en todas direcciones y un buen lugar para realizar un pequeño descanso. A nuestra izquierda (N) vemos la cumbre rocosa de Mataelvicial y a nuestra derecha (S) los bloques que forman la agrupación rocosa conocida como Los Fantasmas (foto 10).
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En este collado se junta el GR-10 con el PR-1, sendero este último que debemos ahora coger. El GR-10 continúa en línea recta y comienza a descender hacia la población de Soto del Real a través de la canal que divisamos desde el collado en dirección Este. El PR-1, sendero que ahora seguimos, sale hacia nuestra izquierda (dirección SE) según el sentido de marcha que traíamos, siempre bien señalizado con las marcas de PR. El siguiente tramo que debemos superar nos lleva hasta la pradera del Yelmo. Son las 9:45 am, completamente en zona de umbría, y según ascendemos nos damos cuenta enseguida que necesitamos el apoyo de nuestros crampones para poder progresar con seguridad. A esta hora y ya en esta relativa baja altitud (1500 m. aprox.) la nieve está dura y hay hielo y es una auténtica temeridad avanzar sin crampones por los pasos complicados que vamos encontrando, algunos de ellos ciertamente peligrosos y expuestos en estas condiciones, también echamos mano a los piolets. Este tramo, junto a la propia trepada al Yelmo, es lo más complicado de la ruta: (foto 11)(foto 12).
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En uno de los breves descansos durante la ascensión de este tramo pudimos también disfrutar de esta magnífica panoramica que nos regaló este día al descender la niebla bajo nuestra posición (foto 13)
Tras superar la última pala de nieve dura, (foto 12), llegamos al final de este complicado tramo y nos situamos en la vertiente norte, muy soleada normalmente, y más ese día por estar despejado de nubes y la niebla estar situada por debajo nuestro, por lo que la nieve es más escasa y la existente está entre blanda y costra y decidimos quitarnos los camprones que ya no utilizaremos hasta la trepada al Yelmo.
Estaremos viendo ahora, a nuestra izquierda según el sentido de nuestra marcha, otra de las famosas y espectaculares formaciones rocosas, Las Cuatro Damas, y al fondo toda la meseta madrileña, que ese día se nos muestra cubierta por un mar de nubes (en realidad son nieblas bajas) espectacular (foto 14). Seguimos avanzando por el mismo sendero, en suaves y moderadas subidas, para encontrarnos a nuestra izquierda con otro más de los conocidos monumentos pétreos, El Acebo (1631 m) sencillamente increíble por su enormidad (foto 15). En pocos metros de suave ascenso el sendero nos lleva a su punto culminante desde donde ya divisamos la pradera y la mole rocosa del Yelmo.