A unos cien metros de haber comenzado el ascenso nos encontramos con otro pequeño sendero de traza muy marcada que sale a nuestra derecha, siguiendo recto el que hasta ahora traíamos. Hay que estar muy al loro para no pasárnoslo (foto 6)(foto 7). Ese sendero es el primero que nos encontraremos a nuestra derecha desde que iniciamos este primer tramo de ascenso al que antes me refería. El sendero está también señalizado con hitos, aunque en un primer momento se nos haga difícil encontrarlos. En este punto realizaremos una parada para tomar la siguiente referencia a la que nos tendremos que dirigir y sobre la que pasaremos más tarde justo al lado si hemos seguido el correcto sendero: se trata de encontrar un gran pino solitario situado en lo alto de la cresta hacia la que se dirige ese sendero que ahora tenemos que seguir. Es prácticamente imposible no verlo puesto que ya desde antes y si hemos inspeccionado antes la montaña nos habremos percatado de su presencia. Es el único pino que subsiste a esa altura (foto 8).
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Bien, seguimos por nuestro nuevo sendero en dirección este y siempre en moderado ascenso entre jarales y gradas de piedra, concentrados en todo momento en la búsqueda del siguiente hito. La pendiente en varios tramos ya se torna fuerte y junto a la superación de las gradas rocosas hacen que el esfuerzo ya se vaya notando. En este tramo del sendero iremos descubriendo grandes formaciones de roca de formas verdaderamente raras y sorprendentes (foto 9).
Tras aproximadamente un kilómetro llegaremos a las inmediaciones del árbol (pino) que antes tomamos como referencia. En este punto el sendero gira hacia nuestra izquierda y en ziczac, superando siempre gradas rocosas, nos lleva hasta el punto más elevado de la cresta que divide en dos vertientes esta zona de La Maliciosa. Nos llevará justo ante una gran y extraña formación rocosa (foto 10). Nunca debemos iniciar el descenso hacia la otra vertiente, nuestro sendero sigue ascendiendo más o menos por la línea superior de la cresta en la que nos encontramos. En este punto puede que esté desaparecida la traza del sendero por lo que tendremos que poner especial atención en tratar de descubrir la siguiente línea de hitos, que como ya he dicho nos lleva siempre ascendiendo nunca descendiendo. Esta nueva línea de hitos nos hará pasar por un paso nada comprometido ni difícil pero en el que tendremos que trepar por la grieta que se forma aquí en una gran roca, haciendo que tengamos que emplear las manos para superarla. Tras este paso estaremos en una explanada desde la que las vistas de la ruta que nos queda nos dejan estupefactos puesto que ahora sí nos daremos cuenta realmente de la dureza que debemos superar, dureza en forma de fuertes rampas (foto 11).
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Atravesando dicha pequeña explanada enseguida nos situaremos en la traza muy bien marcada, pero muy estrecha, de un nuevo sendero que de inmediato comienza a ascender en dirección al Peñotillo (foto 12). A los pocos metros de iniciado este sendero comienzan las dificultades en forma de fuertes pendientes. El tramo hasta la base del Peñotillo es realmente agotador, teniendo que superar además, y siempre en fuerte pendiente, una pedrera de grandes bloques lo que hace aumentar aún más la dureza.
Una vez en la base del Peñotillo tendremos sobre nosotros una de las moles graníticas más representativas de la Sierra de Guadarrama (foto 13). Enorme y altiva formación surcada por varias vías de escalada clásica, presentando incluso varios paredones completamente verticales. Antiguamente era una frecuentada zona de escalada pero hoy ha caído en desuso quizá por tener una dura y larga aproximación. Según terminamos de ascender la pedrera que nos da acceso a su base, y si hemos seguido la correcta línea de hitos existentes, nos encontraremos de frente con una pequeña cascada que surge de las propias entrañas de la roca a modo de manantial y que si estamos muy apurados nos podrá servir para proveer nuestras reservas de agua.