El descenso lo realicé por la misma ruta de ascenso, hasta el mismo Puerto de Navafría. Casi al final del descenso, justo antes de entrar en el pinar a través del cortafuegos, la niebla se esfumó como por arte de magia, dando lugar a que por fin pudiese contemplar con claridad algunas zonas abruptas de la cara sur, formadas por circos glaciares, y gran parte del Valle de Lozoya en toda su belleza desde este punto.
Llegué al coche sin novedad y para casita a comer, quedándome una buena impresión de la zona (por su belleza, tranquilidad, soledad y silencio) pero un sabor agridulce debido a la niebla que me impidió poder ver todo el paisaje claramente.