- Separar de nosotros los materiales metálicos que llevemos como equipo, tales como bastones de aluminio, crampones, piolet, material de aseguramiento, etc. No es necesario tirarlos sólo separarlos de nosotros puesto que no atraen los rayos por sí mismo, en contra de la creencia popular, sino que sólo son muy buenos conductores de la electricidad.
- Si nos refugiamos en una pequeña cabaña, caseta o refugio recordar no acercarse a la puerta ni a las ventanas que pudiera tener, manteniendo éstas siempre cerradas si es posible. Mantenerse siempre en el centro y no acercarse a la chimenea en caso de que existiera.
Si oimos a nuestro alrededor un zumbido parecido al de algunos insectos y se nos comienza a erizar el cabello y el bello del cuerpo deberemos saber que la descarga es inminente. Nos desharemos inmediatamente de todo el material metálico que llevemos en ese momento como el bastón o el piolet, elementos éstos que pueden presentar en este caso el fenómeno conocido como el Fuego de San Telmo.
Otro dato importante es conocer aproximadamente a qué distancia está de nosotros una tormenta y si esta se aleja o no de nuestra posición. Para ello hay que recordar que por cada tres segundos que pasan desde que vemos el relampago hasta que oímos el trueno la distancia es de un kilómetro aproximadamente.
2.- Lluvia en Montaña.
A nadie le gusta estar a la interperie en condiciones de fuertes lluvias por lo que con una buena información meteorológica, consultada antes de iniciar la actividad, nos podremos salvar de este fenómeno atmosférico. Aún consultando dicha información, y en determinadas épocas del año, será prácticamente imposible, si hacemos mucha montaña, salvarse de un fuerte aguacero. Es por ello por lo que el montañero responsable y preocupado por su seguridad llevará siempre en su equipo ropa para combatirle, un material impermeable y de abrigo. La lluvia y la humedad que produce siempre en el ambiente hace bajar algo la temperatura. Si a esto le unimos la falta del equipo adecuado y la altitud seguro que el montañero que se encuentre en estas condiciones pasará un mal rato. Dependiendo de lo baja que llegue a ser la temperatura, de la altitud a la que se esté y de lo mojado que uno llegue a estar podrá hasta padecer hipotermia. Si esto llegase a suceder lo mejor es no pararse nunca y tratar de llegar a nuesto destino (refugio, coche, etc) sin perder nunca la atención y concentración adecuada en lo que estemos haciendo (aún estando tiritando de frío) para evitar así que un posible accidente complique aún más las cosas.
Hay que tener en cuenta que en condiciones de moderadas y fuertes lluvias éstas pueden también desencadenar otros peligros frecuentes en montaña como el desprendimiento, caida y desplazamiento de piedras por lo que en estas condiciones es necesario huir inmediatamente de zonas expuestas como corredores, canales, circos rocosos, base de paredes rocosas y en general de cualquier zona donde el agua se canalice y arrastre material a su paso.
3.- Niebla en Montaña.
La niebla es un fenómeno muy común en la montaña, sobre todo en días despejados de nubes posteriores a otros en los que se han producido lluvias y/o nevadas. Al igual que la lluvia, la niebla también produce una bajada de la temperatura por lo que debemos ir preparados, con ropa de abrigo, para soportarlo. Esto, lógicamente, es un peligro para aquellas personas que no lleven el equipo adecuado, pero el mayor peligro que implica la niebla es la pérdida de nuestro campo de visión pudiendo provocar la desorientación y otros peligros derivados de la misma. En invierno, la conjunción del terreno nevado y la niebla desarrolla una de las situaciones más complejas en montaña al no tener referencias de ningún tipo, ni en el suelo ni en el horizonte.
Si las predicciones meteorológicas dan nieblas generalizadas (o comprobamos este hecho in situ) y no se conoce bien el terreno de la ruta por donde queremos que transcurra nuestra actividad lo mejor será abandonar. Meterse con niebla por una zona desconocida es una gran temeridad.
Por lo general, ante un extravío y si no podemos esperar por cualquier circunstancia a que aclare lo mejor será seguir el curso de un arroyo hacia el valle que nos permita perder altura y por lo tanto salir del banco de niebla o incluso llegar a una población.
Para evitar extravíos producidos por la niebla los montañeros preocupados por su seguridad aprenden a utilizar e interpretar conjuntamente la brújula, el mapa y el altímetro. La orientación mediante estos medios auxiliares es cuestión de un artículo monográfico. Acostumbrarse al uso de al menos el mapa y la brújula puede sacarnos de más de una situación peligrosa.