En el Sistema Central no se producen grandes aludes como en otros macizos montañosos pero sí se producen en menor escala y éstos tienen la suficiente fuerza y tamaño como para arrastrar y sepultar a una o varias personas.
En invierno y en alta montaña los aludes son un peligro constante y dificil de predecir. La prevención será la máxima preocupación, como siempre, del montañero preocupado por su seguridad por lo que el conocimiento de las zonas y condiciones más expuestas será primordial.
Todo montañero debería aprender lo máximo posible sobre la morfología y transformación de la nieve, para intentar comprender cuando las condiciones existentes implican peligro de aludes, así como las técnicas de rescate de víctimas.
Entre los factores más significativos y frecuentes que producen la formación de aludes encontramos:
- La cantidad de nieve acumulada sobre el terreno. Resultan potencialmente peligrosos los días inmediatamente posteriores a aquellos en los que se han producido grandes y rápidas nevadas ya que la nieve no habrá tenido tiempo para estabilizarse y asentarse correctamente sobre el terreno. No presentarán peligro, aunque no está exento de riesgo, aquellas nevadas que se han producido de forma no intensa y repartidas durante varios días, ya que las distintas capas habrán tenido tiempo de asentarse sobre el terreno y estabilizarse entre si.
- La inclinación de la pendiente. La mayor probabilidad de aludes se da en aquellas pendientes que por su inclinación permiten la acumulación de nieve y posterior rápido deslizamiento. Esto se da en aquellas pendientes situadas entre 25 y 60 grados de inclinación. Por encima de los 60 grados la nieve no se acumula lo suficiente como para desencadenar un fuerte alud puesto que al tener tanta inclinación se van produciendo pequeñas avalanchas periódicas durante la propia nevada. Y en pendientes inferiores a 25 grados se hace dificil el deslizamiento de grandes cantidades de nieve.
- La orientación de la pendiente. Una pendiente situada en una ladera soleada implica que la nieve se asiente y estabilice con mayor rápidez, por lo que en invierno la probabilidad de que se produzca un alud disminuye, mientras que en las laderas situadas en umbría hay más probabilidad al no asentarse y estabilizarse tan rápido. En primavera, con exceso de calor y radiación, se invierte la probabilidad haciendo mucho más peligrosas las laderas soleadas que las no soleadas puesto que en estas últimas la nieve permanecerá asentada y helada.
- El viento. Normalmente en las montañas hay una dirección predominante en la que siempre sopla el viento. Este viento empuja y acumula la nieve hacia sotavento creando en las crestas las famosas cornisas compuestas de placas de nieve. Cuando el peso de la nieve acumulada hace romper la cornisa se desencadena un alud puesto que la nieve de la cornisa arrastra también a la acumulada en la ladera. Por ello, estaremos expuestos cuando transitemos por laderas sobre las que existan crestas con formación de cornisas.
- El relieve del terreno. Las zonas con vegetación compuesta de árboles y arbustos y aquellas compuestas por grandes bloques de piedra son poco expuestas al permitir aquellos una mayor sujección de la nieve. Sin embargo aquellas zonas compuestas de grandes canchales de roca lisa o de pastos y hierba son las que mayor peligro tienen al permitir un buen y rápido desplazamiento de la nieve.
- La lluvia. Este fenómeno atmosférico también puede ser desencadenante de aludes al ablandar las capas superiores del manto nivoso que ya estaban estabilizadas y asentadas.
- Animales y personas. Un animal (o grupo), como una cabra montes por ejemplo, que circule por encima de nosotros en la misma ladera puede también desencadenar un alud. Aunque hay que saber que la mayoría de aludes los provocamos las propias personas al no transitar con el debido cuidado por las zonas expuestas que contienen nieve aún no asentada correctamente.
5.- Viento en Montaña
El viento es uno de los grandes enemigos de un montañero. El viento suave que incluso se agradece en días calurosos, por refrescar algo el ambiente, puede convertirse en un auténtico problema cuando aparece en días fríos. En estos días fríos la conjunción con el viento hace que la temperatura que marque el termómetro no tenga nada que ver con lo que nosotros sentimos, que será siempre mayor frío que el que deberíamos tener a la temperatura marcada, es lo que se conoce como Sensación Térmica (ver tabla en sección Información Útil). Podemos tener una temperatura de 5º C y tener una sensación térmica de –5º C al aparecer un fuerte y frío viento. El peligro principal que surge en estas condiciones de baja sensación térmica es siempre la aparición de síntomas de hipotermia donde el organismo va perdiendo temperatura poco a poco, pudiendo aparecer incluso congelaciones localizadas generalmente en las extremidades como los dedos de las manos y los pies. Aunque pueda parecer extraño la mayoría de las hipotermias se dan en personas mal equipadas que con una temperatura real de por ejemplo 10º C se han encontrado, por la acción del viento, con una sensación térmica de muchos menos grados para la cual no estaban equipados. Consultar la tabla de sensación térmica en la sección Información Útil de esta web.
Por todo ello es fundamental que todo montañero en alta montaña y mucho más en días fríos y con viento lleve el equipo necesario para combatir las diferentes sensaciones térmicas con las que se encontrará. Equipo que incluirá también ropa seca de reserva, impermeable y cortavientos. No se deberá nunca olvidar la adecuada protección para la cabeza, puesto que ésta es una parte del cuerpo por la que se pierde mucho calor, y unos guantes para las manos. El cuello es otra de las partes del cuerpo que son importantes proteger del frío, por ello debemos prever siempre ropa que lo cubra.